lunes, septiembre 25, 2006

Sustratos textiles Inteligentes

La ciencia está invirtiendo millones de dólares en crear productos cada vez más saludables. Ya existen fibras modificadas genéticamente, pero en un futuro no muy lejano habrá prendas para protegerse de todo tipo de enfermedades y hacer más cómoda nuestra vida cotidiana Ni George Lucas, el creador de La guerra de las galaxias, imaginó que una remera sería capaz de aliviar el dolor de cabeza, que un corpiño podría medir la presión arterial, o que se inventarían pijamas con somníferos incorporados en la tela. Apenas comenzado el siglo, la tecnología textil tiene pruebas de sobra para demostrar que sus ambiciones son mucho más pretenciosas que en las películas de ciencia ficción. En un futuro no muy lejano, ponerse un termómetro bajo el brazo, tomar una aspirina con un vaso de agua o ponerse repelente para los mosquitos serán trámites de la prehistoria para quienes puedan comprar ropa inteligente. Porque mientras la pobreza mantiene a algunos descalzos, la ciencia invierte cada año millones y millones en desarrollar ropa más cómoda, más linda y sobre todo más saludable. La revolución comenzó cuando la industria textil descubrió que la fibra con la que se fabrican las telas se podía modificar genéticamente y así consiguió que en su estructura se incorporaran, por ejemplo, componentes de la farmacológica. ­Muy pronto, además de vestirnos, la ropa nos ofrecerá otros servicios como ser energizante o protegernos contra enfermedades o microbios ­dijo desde Francia el diseñador francés Oliver Lapidus, heredero de la mansión Ted Lapidus y creador de ropa con placas solares, fibra de vidrio y tejidos con algas. Cada año, la industria textil crea unos 2000 nuevos materiales que después alimentan el mercado de la indumentaria. Japón es el principal productor de telas especiales y el dueño de los cinco laboratorios más importantes donde se investigan nuevos materiales. Estados Unidos y Suiza lo siguen en el ranking. Y la Argentina, aunque no puede consumirla internamente, también tiene su industria. Mariano Segundo es el dueño de Textiles Antimicrobianos, una Pyme argentina que después de siete años de investigación comenzará a producir telas para proteger la cama de personas con incontinencia urinaria (ver aparte). ­En el país no se invierte mucho en telas inteligentes por una cuestión económica, pero seguimos muy de cerca lo que ocurre internacionalmente para poder asesorar a los industriales locales ­explica Patricia Marino, directora del Centro de Investigaciones Textiles del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). Contra rayos y alergias Entre los últimos desarrollos mundiales de la tecnología textil se encuentran las telas antiácaros, que previenen contra los minúsculos arácnidos que se encuentran en el polvo hogareño y que pueden provocan alergias respiratorias. Las grandes cadenas hoteleras ya comenzaron a usar estas telas en colchones, alfombras, sillones y sábanas. En Estados Unidos y algunos países europeos, antes se podía elegir el talle, color, modelo y largo de los jeans Levi¹s. Pero ahora también se puede pedir un pantalón que proteja contra las radiaciones electromagnéticas que emiten los teléfonos celulares, las computadoras y otros aparatos de uso cotidiano. Confeccionadas con una tela que se llama coolmax, hay medias que no permiten que los pies que las usan transpiren y así se evita la proliferación de bacterias que causan olores desagradables. Cuando las temperaturas son altas, la tela expulsa la humedad de la piel hacia una capa externa de la tela donde se evapora rápidamente. Para el invierno, las primeras capas de estas medias se fabrican con tejidos termas, thermastat o termolite, que conservan la temperatura corporal. El Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), uno de los centros más importantes de investigación textil, está trabajando en vestidos para diabéticos, que por medio de sensores podrán medir el nivel de glucemia presente en la sangre de quien los usa, sin necesidad de pinchazos. Las fibras con aspirina, somníferos, vitaminas, calmantes o antibióticos en su interior también están desarrolladas y su uso se está testeando en el mundo de la medicina. La fiebre de la muselina La revolución de las telas comenzó en 1890, cuando algunos higienistas plantearon la importancia de que la ropa jugara en favor de la salud. Para entonces, muchas mujeres ya habían muerto víctimas de la moda: en 1803, cuando estaban de moda los vestidos de muselina (una tela fina, que se usa para vestidos elegantes) miles de mujeres murieron debido a una epidemia de tuberculosis por estar desabrigadas. Aquel brote se conoció como fiebre de la muselina y fue un triste escarmiento para la coquetería femenina. Ahora el mundo camina hacia la funcionalidad y la salud. ­En este siglo, la ideología dominante es la del cuidado de la salud y del planeta. Cuando esto se cruza con el desarrollo de la informática y la tecnología, surgen nuevos materiales textiles que están manipulados en su estructura molecular ­explica la socióloga especializada en vestido, Susana Saulquin. Los nuevos desarrollos de la industria textil pueden utilizar la tela como una pastilla, incorporando en la fibra la misma sustancia que se emplea en los remedios. Estos desarrollos están en un momento de enfrentamiento con la industria farmacéutica, pero avanzan a paso sostenido. ­No se trata de una tendencia masiva porque no estamos en una época de masividad ­aclara Saulquin­ y todavía no hay conciencia de lo que se puede llegar a obtener con el desarrollo tecnológico de la industria textil. Todavía estamos en la prehistoria de los materiales inteligentes. Una de las críticas que se le hace al desarrollo de estas telas es que se destinan sumas enormes de dinero para un mercado al que sólo podrán acceder algunos. Y una de las preguntas que se hace la moda es: ¿cuándo las telas inteligentes se instalarán en el mercado? Según Saulquin, serán más accesibles alrededor de 2020.

Texto: Valeria Burrieza
http://enlaceweb.net/pipermail/interlink/2003-April/000972.html

Paola Medina